Crítica: Pericos lanza ‘Inmortal’, su primer disco con canciones nuevas en una década

“Ya no llores más, corazón cristal, que las nubes lloran hoy por vos”, cantan los Pericos y suma su voz Abel Pintos en “Corazón cristal”, la canción que abre Inmortal, una balada con cadencia reggae e impronta pop, que empieza con una secuencia de notas largas en las teclas vintage de Diego Blanco. Es un tema que tiene el don de combinar la melancolía con una letra que transmite un aire de esperanza, como si fuera su propia canción de redención.
Inmortal , el primer álbum de estudio con canciones nuevas que el grupo lanza en una década, parece volver sobre la llama sagrada a reaviviar la mística del grupo. Vean, si no, la portada, que emula la Piedra del Sol azteca con una figura de Robledo, la mascota que los acompaña desde la portada de su primer disco, El ritual de la banana, de 1987.
Son diez nuevas canciones que no responden a ningún dogma, en el que el grupo muestra su destreza para ir del reggae fundacional (“Los latidos”, con Denny Denan, una de las voces más emblemáticas del grupo bahiano Timbalada; “La Tierra”, con Néstor Ramljak, vocalista de Nonpalidece) a la canción rollinga: ahí está “Inquilino en el Espacio”, en tándem con Facundo Soto de Guasones. En “Amor bonsai”, la intervención sonora de El Plan de la Mariposa y su folk rural le da nuevos aires al sonido perico característico. El estribillo, “Brilla mi amor bonsai, nada es tan perfecto”, se adhiere como un pegamento instantáneo.
Pero Inmortal es mucho más que una exploración de géneros o una colección de canciones. Es más bien, una celebración del formato canción más allá de las etiquetas. En el año en que celebran 40 años de carrera ininterrumpida, suena a perogrullada la mención de la “madurez” del grupo. Sin embargo, es imposible no reparar en cada uno de los detalles que enriquecen el universo sonoro del álbum, pero que no atentan contra la simpleza de las canciones. Es como si se hubieran decidido a darle a cada pieza el mismo tratamiento minucioso que los artesanos aztecas le dieron a su piedra mística y monumental a fines del siglo XV, y que tomaron como referencia para el arte de tapa.
“No lo ves, nuestro amor siempre vuelve a empezar”, canta Juanchi Baleirón en la canción que da nombre al disco. Una vez más, la cadencia del reggae se funde con cierta impronta pop. Los arreglos de vientos visten con elegancia a una melodía pegadiza que encuentra en el rapero Sabino un aliado lleno de flow. Y “Soledad”, producida por Ale Sergi, tiene la dosis exacta de pop para darle un aire épico, que combina un cuidado trabajo vocal y una fanfarria beatle que le da un aire de nuevo clásico. Con la prepotencia de 40 años de música a sus espaldas, el flamante álbum de Pericos es un artefacto curioso, un pequeño tratado sobre la trascendencia, de perpetuar el milagro (y el agobio) de estar vivos, aquí y ahora.
Tomado de https://es.rollingstone.com/



