Moto del día: Bimota KB2 Laser
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La Bimota KB2 Laser es una de esas deportivas italianas que casi nunca se ven fuera de libros y subastas, pero que resumen como pocas la filosofía de la marca en los primeros ochenta: chasis de ensueño, motor de serie bien aprovechado y una producción tan corta que, en la práctica, la convierte en una pieza de colección desde el mismo momento en que sale al mercado. Entre 1981 y 1984 Bimota construyó poco más de un centenar largo de unidades, combinando distintas evoluciones de motor Kawasaki y acabados, pero siempre con la misma idea: una media cilindrada más ligera y afilada que cualquier japonesa equivalente.
Bimota, desde el inicio de su actividad, nunca ha tenido motores propios, ha usado propulsores suministrados por diferentes fabricantes que, posteriormente, montaba en chasis desarrollados por la misma compañía. Ahí estaba el secreto de la marca, el chasis, con el que se lograba, en la mayoría de las ocasiones, una montura mucho más eficaz que aquella que montaba el motor originalmente. El talante de toda Bimota siempre ha sido la deportividad y el comportamiento, antes que la potencia o la velocidad punta, algo que se aprecia especialmente bien en el caso de la KB2 Laser.
En lugar de buscar un “pepino” de potencia máxima, la KB2 parte del cuatro en línea de las Kawasaki GPz/Z 550, un tetracilíndrico DOHC de algo más de 540 cc que en las versiones más suaves ronda los 48 CV y en las Laser S/TT sube hasta unos 65 CV cerca de las 10.500 rpm. La gracia no está tanto en las cifras como en el envoltorio: ese motor se atornilla a un chasis tubular de acero diseñado por Bimota, con placas de aluminio en la zona del basculante para aumentar la rigidez, suspensiones regulables, frenos Brembo y una carrocería mínima que envuelve el conjunto con un carenado integral muy bajo y anguloso. El resultado es una deportiva compacta, ligera y muy radical de postura, pensada para hacer valer el paso por curva más que la velocidad punta. Es una moto pensada para practicar una conducción deportiva en su más pura esencia, y para eso, no hace falta mucha potencia.
Dentro de la propia historia de Bimota, la KB2 tiene un punto especial: se ha llegado a citar como uno de los diseños favoritos de Massimo Tamburini, precisamente porque condensa su obsesión por la relación peso/potencia y por los detalles de geometría antes que por el motor. Con apenas unas decenas de motos repartidas entre Europa, sobre todo Italia y Alemania, y muchas de ellas modificadas para circuito, hoy es rarísimo encontrarse una KB2 Laser intacta en la calle. Esa mezcla de rareza, pureza de concepto y estética tan marcada de principios de los ochenta la hace encajar de lleno en la categoría de icono, o mejor dicho, de unicornio; una joya de colección. Una de esas deportivas que explican cómo se pasó de los chasis japoneses flexibles a la era de las superbikes de geometría milimétrica.
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