Mototurismo | Ruta Benelli TRK 502: El viaje de regreso
¿Cómo terminamos uno de los mejores viajes que he podido tener en moto? Al final, la Benelli TRK 502 me sorprendió al extremo. No esperaba mucho y me lo dio todo.
Tengo que regresar a casa. Cuando esté bajando el equipaje de la moto, en ese momento mi viaje habrá terminado. No cuando esté a 100 km de casa, no cuando esté a 10, ni siquiera cuando esté a 1 km. Termina cuando llegue a casa. Pero para hacer esto requiero rodar cerca de 1,875 km, casi lo mismo que volver a rodar de La Paz, B.C.S., a Tijuana, B.C. Amigo de Revista Moto, por favor acompáñame en esta última pero emotiva parte de mi regreso en esta ruta TRK.

Obvio, este trayecto no lo hice en un solo día. Sé que lo pude haber hecho en menos de 23 horas, pero no había necesidad de terminarlo así. Me daría mi tiempo para regresar y pasar por lugares que refresquen mi mente, que alegren el corazón y que ayuden a llevar con más fuerza a México en mi interior.
CHETUMAL
En mi primer día de regreso rodaré de Mérida a Chetumal. Antes pasaré a Izamal a tomar un raspado de tamarindo en su plaza, volar el dron y contemplar la arquitectura del lugar. Después me pasaré unos cuantos kilómetros rumbo a Chetumal, otro de mis puertos preferidos y donde disfruto mucho estar. Sin problema me podría mudar a esta ciudad.
Chetumal inicia su vida cuando el sol se oculta, y no es para menos: el calor puede llegar a sofocar incluso a sus propios habitantes. Esto la convierte en una ciudad apacible, que al mediodía casi luce abandonada. Eso me da tranquilidad y paz. Supongo que por eso me gusta tanto Chetumal.

Prácticamente en este viaje he podido estar en la mayoría de los litorales de la República Mexicana: desde el Pacífico en Mazatlán, luego el Mar de Cortés y el Pacífico nuevamente en la Baja. Al llegar a Tampico, el Golfo de México me recibió y me acompañó hasta Campeche. Y es en este punto, en Chetumal, donde termino con el Mar Caribe. Cuando estaba planeando este viaje no había contemplado esto. Justo al despedirme de Chetumal me di cuenta de lo que acababa de hacer: qué gran viaje tuve en una moto.

COATZACOALCOS
Para el segundo día de regreso paso a Escárcega a desayunar. Este tramo será de los más importantes, pues rodaré del Mar Caribe en Chetumal al puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, en el Golfo de México. Ya es una ruta que hice en una moto más técnica (Moto Guzzi V7 Stone 850 Centenario). Las suspensiones de esa máquina son cosa seria y hay que tener cuidado con los caminos irregulares, que gracias al Tren Maya —y a que todos los recursos se van a este proyecto— están en muy mal estado.
Ahora siguen inconclusos, pero voy en una máquina que absorbe mejor las irregularidades del camino. Y lo compruebo: llego muy, muy rápido a Escárcega. Es mi tramo inicial y aquí sé que me queda mucho camino por delante.
Prácticamente de este tramo a Coatzacoalcos no voy a parar, solo cargar gasolina cada 300 km y seguir. Tomar algo de agua, pasar al baño y mantener un paso constante. Esa es la clave para “comer” kilómetros: sé constante, no te quedes sin gasolina y mantente bien hidratado.
Coatzacoalcos nunca me ha tratado mal. Se entiende por completo su contexto y pareciera que, al igual que en Tampico, al ser ciudades ligadas a la vida petrolera del país, estas se impregnan de un sabor amargo, de un aire espeso. Sumado a que son ciudades costeras… bueno, es algo complejo de explicar. Me dirijo a su malecón para hacer algunos reels y estar con la dicha de nuevamente visitar otro puerto. Pienso que me gustaría irme hacia Oaxaca y cerrar este viaje en las costas de Michoacán. Lamentablemente, solo es un pensamiento divergente. Ya será en el próximo viaje que ponga esto como un objetivo principal.

Hoy toca regresar a casa. La tarea es aparentemente fácil: solo debo tener cuidado con los baches y no terminar rompiendo un rin. Una vez que esté en Córdoba, siguen Cumbres y después Puebla. Y estando en Puebla ya me siento en casa. Ya les había platicado que tu percepción de los kilómetros va cambiando conforme avanzas: antes, lo que era lejos, 200 km, ahora resulta algo sencillo. Luego sube a 400 km y, sin darte cuenta, tu media son los 650 km. Ya algo lejos serían unos 1,000 km. Bueno, en esta parte del viaje de regreso siento que decir 1,500 km se me hace estar lejos de casa.

PUEBLA
Estoy en Puebla. Aprovecho para ver a un gran amigo, ya más de 12 años de amistad. Es de esas personas que se quitan la camisa para dártela. Estoy muy orgulloso de contar en mi vida con personas así. Me queda claro la buena educación que sus padres le dieron, y no hablo de modales, sino de esa educación para ser una buena persona. Casi siempre, a mi regreso de este tipo de viajes, procuro visitarlo. Sin duda, ya se ha hecho una gran tradición. Gracias por todo, Zolín.
Sinceramente no quiero dejar Puebla, pero estoy a unas 3 horas de distancia de casa a paso de la Benelli TRK 502. La moto, a este punto de la ruta, no ha mostrado falla alguna. Está a unos 200 km de sumar 10,602 km en todo este viaje. Las llantas Pirelli Angel GT aún tienen vida, calculo que mínimo otros 3,000 km, pero tal vez sean más. Las suspensiones y su comodidad han ayudado mucho a recuperar fuerzas cuando los caminos fueron difíciles (de Sonora a Monterrey).

Su peso, su mayor defecto, también ayudó en momentos de fuertes vientos. El tanque de 20 litros nunca permitió que me quedara varado, salvo en Monterrey, donde por querer llegar no quise parar a cargar gasolina. En fin, si acaso le cambiaría sus luces halógenas por unas de mayor luminosidad. La potencia del motor ayudó a superar caminos demandantes de forma segura y a buena velocidad. La muestra de que es una gran máquina son todas estas partes que les he venido contando.

EN CASA
Por fin estoy en Toluca. La noche me cobija. Estoy con la moto sucia, mi equipaje llegó con más cosas: recuerdos para la familia, ropa sucia y muchas historias que contarles a mis hijas. Soy un desconocido en mi ciudad. Han pasado 18 días desde que salí con rumbo al norte y ahora vengo llegando desde otro lado. Diría mi buen amigo Zolín: “tomaste el camino más largo a casa”. Cierto, teníamos que recorrer varios cientos de miles de kilómetros arriba de la Benelli TRK 502.
Amigo lector, gracias por estar atento y al pendiente de estas entregas. Hoy, en el calor de mi oficina, puedo escribir estas líneas gustoso y contento. No solo por poder hacer estos viajes, sino porque al leerme tú puedas tomar la decisión de hacer lo propio y salir a rodar por este gran país que aún tenemos. Tener miedo es normal, solo mantén un perfil bajo y disfruta cada kilómetro.

Nos vemos en el camino.
Texto y fotos: Alex Lara
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