Moto del día: Van Veen OCR 1000
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La Van Veen OCR 1000 es una de esas motos que parecen más un experimento de ingeniería que un producto de serie. A mediados de los años 70, el holandés Henk van Veen, importador de Kreidler y patrón de un equipo campeón del mundo de 50 centímetros cúbicos, decidió que quería construir “la mejor moto posible” sin mirar demasiado el coste. El resultado fue una “superbike de turismo” con motor Wankel de coche, caja de cambios con piezas diseñadas por Porsche y un precio de escándalo, destinada a plantar cara a las grandes japonesas desde un pequeño taller de los Países Bajos.
El corazón de la OCR 1000 es un motor Comotor, el mismo que Citroën usaba en el GS Birrotor. Se trata de un Wankel de dos rotores y 996 centímetros cúbicos totales, refrigerado por líquido y con una potencia en torno a 100 CV a unas 6.500 revoluciones, una cifra muy respetable para la época. Va asociado a una caja de cuatro marchas con componentes desarrollados por Porsche y a una transmisión final por cardán, más propia de un coche que de una superbike japonesa de la misma década.
El bastidor tubular de acero, firmado por Jaap Voskamp, la suspensión Koni y el equipo de frenos con doble disco delantero situaban a la Van Veen en la parte alta de la tabla tecnológica, aunque todo ello se traducía también en casi 300 kilos en seco y un carácter más de GT muy rápida que de deportiva pura. Sobre el papel, la OCR 1000 prometía unas prestaciones de primer nivel: una velocidad máxima declarada de unos 135 mph –más de 215 km/h– y una entrega de potencia muy lineal gracias al Wankel. En la práctica, la combinación de peso, complejidad y precio la condenó desde el principio.
Se presentó en el Salón de Colonia de 1974 y comenzó a venderse en 1976, pero el coste de producción y el cierre de Comotor a finales de los setenta dejaron a Van Veen sin proveedor de motores y sin margen para ajustar el precio. El plan inicial hablaba de 2.000 unidades al año; la realidad se quedó en solo 38 motos producidas hasta 1981, lo que hace que hoy sea una de las “motos de serie” más escasas de su generación.
El epílogo de esta historia refuerza aún más su aura de rareza. En 2011, un entusiasta holandés, Andries Wielinga, reunió piezas y utillaje originales para ensamblar un último lote de diez OCR 1000, cerrando así un círculo que había quedado abierto desde los años 80.
Dentro del pequeño mundo de las motos Wankel, donde también figuran la Hercules W‑2000, la Suzuki RE‑5 o las Norton rotativas de los 80 y 90, la Van Veen ocupa un lugar muy particular: es la más potente y lujosa de las pioneras setenteras, una mezcla de superbike y turismo de alta velocidad construida alrededor de un motor de coche. Justo por eso, como “moto del día” funciona casi como una nota a pie de página de lo que habría podido ser una era de superbikes rotativas… si los números hubieran salido.
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