Ca7riel y Paco Amoroso empezaron su gira mundial en Buenos Aires

De Osho a Mark Zuckerberg, de Alejandro Jodorowsky a Buddha (sic), de Kim Kardashian a Andrew Huberman: las pantallas que se ubican a los constados del escenario lanzan frases motivacionales. Unidades condensadas de optimismo y resiliencia que se proyectan a la audiencia y que forman parte de la narrativa (una de las palabras clave de la industria en esta década) de Free Spirits, el álbum que Ca7riel y Paco Amoroso lanzaron en marzo y que le da nombre también a la gira mundial que empezó este jueves en el Movistar Arena.
Cuando (literalmente) cayó el telón, en el centro del escenario estaban Ca7riel y Paco, en plan destroyed, en dos camillas reclinables, en una ambientación que recreaba la habitación de un hospital. En verdad, se trata de uno de los cuartos del Free Spirits Wellness Center, eje central del disco (y el espectáculo). Una enfermera hace las veces de anfitriona del show, que más que un show parece planteado como una experiencia. Buena parte de la audiencia cumple con el dress code sugerido de atuendos blancos, beige, la paleta de colores que predomina en la propuesta.
Pero detrás de ellos hay unas tarimas de tres niveles, que recuerda a un coro (griego o gospel) o también a una escenografía televisiva de programas como Tribuna Caliente, que es una ubicación vip. Los que tienen el privilegio de ver el concierto desde adentro son colegas, amigos, celebridades. Un curioso aquelarre variopinto en el que convivían, todos con una especie de camisola blanca, Martín Piroyanski con Wallas , Chita (cantante y novia de Ca7riel) con Joaquín Furriel, Juliana Gattas con el baterista Jota Morelli, Esmeralda Mitre con la DJ Anita B Queen (colaboradora del grupo en el célebre Tiny Desk), Maia Reficco y Coti, entre otros. Una ubicación privilegiada para experimentar desde adentro una propuesta artística que tiene la intensidad como uno de los ejes, y que los transforma, también, en parte del show.
La voz de Sting, que colaboró en la narrativa de Free Spirits desde el primer momento, como guía de una sanación en doce pasos es otro de los hilos conductores del show, que tiene como columna vertebral las canciones del último disco. “No me sirve más”, fue el puntapié inicial de un derrotero sostenido en su increíble performance pero también en la solidez acostumbrada de una backing band que es mucho más que una backing band: Javier Burin en las teclas, Felipe Brandy ( también conocido como el “Tío La Bomba”) en el bajo, Maxi Sayes en la percusión y Edu Giardina en la batería logran una poderosa amalgama de sonido hi-fi, con una versatilidad que va del funk y el jazz al trap, el pop y los ritmos latinos. Una versatilidad que acompaña los delirios del dúo de enfants terribles que, aunque pasaron los 30, mantienen el olor a espíritu adolescente.
Las nuevas canciones (“Nada nuevo”, “Ay, Ay, Ay”) tienen una doble virtud. Por un lado, suenan a hits. Por el otro, conviven con otros hits que forman parte del repertorio del grupo como “Impostor”, “Día del Amigo”, “Dumbai”, “Baby gangsta”, “El Único” y “La que puede”, entre otros.
Hacia el final, esa especie de coro gospel disruptivo bajó de sus tarimas para sumarse a Ca7riel y Paco en la pasarela que se extendía entre parte del campo. En una rave desaforada, una selección de clásicos, como “Pirlo”, “Cono hielo”, “Culo con caca”, son la antesala para el cierre, con “Beto’s Horns”. La elección del tema final, el “Himno del Mediocre” (y ese sonido que remite a los hits setentosos de Julio Iglesias) ostenta una continuidad con “Spanish Flea”, el tema de Herb Alpert y sus Tijuana Brass con el que cerraban el espectáculo anterior. algo completamente lógico para una banda que entiende al cantito de “¡Hijos de puta!” como la más maravillosa música, como corriente de afecto entre artistas y fans.
Tomado de https://es.rollingstone.com/



