Dentro de la BTS-manía: un día en la vida de las superestrellas del K-pop
Los gritos comienzan apenas pasando la zona de reclamo de equipaje, cuando el primer destello de cabello gris violáceo asoma por encima del muro de seguridad que separa a la banda de pop coreano más grande del mundo —y de la historia— de sus fans. En medio de una histeria ensordecedora, los siete jóvenes de rostro afable que integran BTS atraviesan el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles escoltados por largas filas de corpulentos empleados con camisetas amarillas de ‘Event Staff’. Los chicos sonríen, saludan y, con la eficiencia de la realeza británica, logran abrirse paso entre cientos de adolescentes y jóvenes para subir a unas camionetas Escalade negras, el vehículo que los conduce directo al corazón del mainstream estadounidense.
Es mediados de noviembre y BTS acaba de llegar desde Corea del Sur, impulsado por la devoción de sus admiradores, una comunidad diversa que se hace llamar ARMY —acrónimo de ‘Adorable Representative M.C. for Youth’. El grupo está en la ciudad para una serie de apariciones televisivas de alto perfil: del aeropuerto parten al programa de James Corden; al día siguiente estarán con Jimmy Kimmel; después visitarán a Ellen DeGeneres, quien comparará su llegada a Estados Unidos con la de los Beatles en 1964. Sin embargo, la principal razón de su visita es interpretar su éxito ‘DNA’ en los American Music Awards, una presentación que los convertiría en la tendencia número uno de Google y rompería un récord Guinness de interacciones en Twitter.
El líder del grupo, RM —abreviatura de ‘Rap Monster’—, de 23 años y con una ambición evidente, compara el vertiginoso viaje con ‘surfear una ola gigante’. Pero a las nueve de la mañana del día siguiente a su llegada, el ambiente se parece más a ‘fichar para entrar al trabajo’. Estamos en un estudio de ensayo cuando representantes de los AMA llegan para tomar fotografías promocionales en el estacionamiento. El extrovertido J-Hope, también de 23 años, MC y ex campeón de street dance, sale con los brazos en alto gritando: ‘¡Hola! ¡AMA! ¡Whoa!’. Los demás aparecen poco a poco, con menos dramatismo, y esperan su turno para ser arreglados sobre el asfalto por un equipo de estilistas que también viajó desde Seúl.
Ahí está Jimin, de 22 años, el más atractivo y a la vez más travieso del grupo, ex alumno destacado de danza contemporánea, afeitándose el mentón mientras una mujer le sostiene un espejo. V, cantante de mirada permanentemente sorprendida y de 21 años, otro ex estudiante de arte que debutó en televisión el año pasado con un drama histórico coreano, deja que le cepillen y acomoden su característico cabello gris violáceo. Un hombre utiliza un palillo dental para retirar algo de los dientes de Suga, quien, al igual que RM, comenzó su carrera como rapero underground. Jungkook, vocalista principal de 20 años y ferviente admirador de Justin Bieber, quien se unió a BTS a los 15, recibe una línea de delineador en los ojos.
Mientras tanto, Jin, cantante de 25 años y aspirante a actor, tan atractivo que fue reclutado por un cazatalentos mientras caminaba por la calle, avanza en silencio entre el caos. Su séquito es enorme; dejo de contar después de las treinta personas. Hay managers, publicistas, un coreógrafo, un masajista, el intérprete, estilistas, personas con cámaras, guardias de semblante serio y varios choferes con auriculares.
En casa, BTS prácticamente ya solo compite contra sus propios récords: vistas de videos, preventas de álbumes y posiciones en las listas de popularidad. Y ese fenómeno ya comenzó a expandirse a otros países. Su más reciente EP, Love Yourself: Her, que incluye una canción escrita junto a Andrew Taggart de The Chainsmokers, encabezó la lista de álbumes de iTunes en 73 países. Además, BTS se convirtió en el primer grupo de pop coreano en irrumpir de lleno en el mainstream estadounidense, gracias a un remix de ‘MIC Drop’ realizado por Steve Aoki, que recientemente logró entrar al Top 40.

‘Somos muy afortunados de vivir en esta época, en 2017’, dice RM, el único integrante capaz de mantener una conversación fluida en inglés. ‘Cuando publicamos un tuit, se traduce a más de 30 idiomas’. Las letras del grupo —casi completamente en coreano, pero subtituladas en YouTube y traducidas en sitios como Genius— son una parte fundamental de su éxito internacional. Las canciones de BTS abordan temas como la depresión y la ansiedad. Promueven ideales sociales progresistas, como el empoderamiento femenino y la aceptación de personas de distintos orígenes. Incluso hablan de la inquietud interna que implica abandonar caminos profesionales menos comerciales para convertirse en ‘idols’, como se conoce a las estrellas del K-pop.
Los fans de BTS valoran la empatía, honestidad e independencia de la banda, temas especialmente demandados por las audiencias pop occidentales actuales. Además, BTS lleva ese mensaje sobre producciones hiper modernas e inteligentes —muchas veces realizadas por los propios integrantes— que absorben influencias del EDM, el rap y el R&B contemporáneo. Piensa en artistas como Major Lazer, Justin Bieber, DNCE, Logic, The Chainsmokers o Nick Jonas, y conviértelo en un collage ligeramente extraño pero profundamente adictivo.
Después de la sesión de fotos, los chicos entran a ensayar su presentación para los AMA. Desde el silbido inicial de ‘DNA’, funcionan como un organismo único, de múltiples extremidades y absoluta concentración. Jin, quien normalmente parece melancólico, despliega miradas coquetas y movimientos de manos perfectamente sincronizados. Bromean un poco —Jimin le agarra el trasero a Jungkook después de que este ejecuta un giro casi de ballet—, pero permanecen completamente enfocados.
Una hora después, a las 10:40 de la mañana, toman agua apresuradamente mientras varias mujeres intentan refrescarlos agitando enormes abanicos de papel decorados con los rostros de los propios integrantes. Jin se queda dormido por unos minutos en una silla con ruedas, aunque pronto lo despierta el masajista, decidido a clavarle el codo en el hombro; Jin hace una mueca de dolor mientras sucede. Minutos más tarde, V grita con la boca abierta mientras un asistente trata una llaga dentro de su mejilla. Más adelante, RM terminará bailando con un pañuelo ensangrentado en la nariz: el jet lag y el ritmo constante de trabajo terminan pasando factura. Un almuerzo temprano de hamburguesas frías y papas fritas parece una recompensa mínima, pero ellos comen sin contenerse.
BTS, acrónimo de Bangtan Boys —‘Boy Scouts a prueba de balas’, en coreano—, fue construido alrededor de RM y terminó de consolidarse a través de audiciones. El grupo fue armado por una compañía pequeña, Big Hit, dirigida por el compositor Bang Si Hyuk, conocido como ‘Hitman’, quien cofundó una de las llamadas Big Three de la industria, JYP Entertainment, antes de dejarla atrás. Esa historia le da a BTS un atractivo de underdog. Y aunque la banda surgió dentro del famoso y riguroso sistema del K-pop —viviendo juntos en dormitorios y entrenando de manera constante—, RM asegura que Big Hit les ofrece una libertad artística relativa.
Prueba de ello es que, en una reinterpretación singular del tradicional fan service del K-pop, BTS construye mitologías alrededor de sus álbumes, como ocurrió con Wings, lanzado el año anterior, cuyo concepto parte de Demian, la novela de formación publicada en 1919 por Hermann Hesse. La temática atraviesa las letras, el arte visual y los videos. No queda del todo claro cómo toman forma esas subtramas, aunque resulta fácil imaginar la participación de RM, quien suele leer autores como Haruki Murakami y Albert Camus.
‘Intentamos construir nuestro propio universo BTS’, explica. ‘Tal vez era arriesgado inspirarnos en novelas tan antiguas, pero creo que terminó funcionando aún mejor. Para nuestros fans, se siente como una caja de regalo. Es algo que no encuentras fácilmente en artistas estadounidenses’. Después, compara esa construcción narrativa con Star Wars.
‘Lo más importante de crear nuestro universo es su capacidad de expansión’, añade Suga, el integrante más contemplativo del grupo, a través del intérprete. ‘Como nace de nuestras propias vidas e intereses, podemos expandirlo tanto como queramos y nunca se siente ajeno a nosotros. Eso nos permite tener más diversidad en las historias que contamos y en la música que hacemos’.
¿Se sienten lo suficientemente libres como para escribir sobre la política coreana? RM responde que están trabajando en una canción que aborda el tema de manera sutil, aunque Suga advierte que el asunto ‘está lleno de riesgos, no de forma literal, sino por la posibilidad de ser malinterpretados por jóvenes que quizá aún no han desarrollado completamente su sensibilidad’. Él prefiere enfocarse en generar entendimiento antes que ‘incitar conflictos’. Durante la entrevista del mediodía, el resto del grupo permanece en silencio, salvo para enviar saludos a ARMY y admitir que desean más oportunidades de crossover internacional. Como resume J-Hope: ‘Sería un honor trabajar con cualquiera’.

RM asegura que, más allá de romper nuevos récords, la misión de la banda es promover la individualidad, algo que no siempre se fomenta en Corea del Sur. ‘Especialmente en Corea, existen todos estos estándares: casarte, entrar a una buena universidad’. ¿Y cómo planean transmitir ese mensaje? Sonríe antes de responder: ‘Con mejor música y presentaciones más increíbles’.
Después de agotar entradas en arenas de California, Chicago y Nueva Jersey, BTS ya planea una gira aún más grande por Estados Unidos en 2018. El grupo se mueve en un territorio sin precedentes. A diferencia de PSY, su éxito en el mercado estadounidense no nació de un fenómeno viral aislado; su ascenso en las listas fue gradual y no muestra señales de desaceleración. Aunque en el pasado descartaron la idea de lanzar un álbum completamente en inglés, este año RM ya interpretó versos en inglés en un remix junto a Fall Out Boy y en una colaboración con Wale.
A la 1:30 de la tarde llega el momento de prepararse para su aparición con Jimmy Kimmel. Sigo a BTS desde el estudio de danza hasta el pasillo cercano a su camerino. Hay una mesa plegable cubierta de anillos plateados, collares llamativos y aretes colgantes listos para elegir. En el suelo descansa una enorme bolsa tipo ziplock llena de sandalias Puma idénticas. Después de retocar peinados y ajustar vestuarios, los integrantes suben a las cuatro camionetas Escalade sin el menor alboroto.
Mientras nuestra caravana avanza por Hollywood Boulevard y gira hacia la pequeña calle que conduce al backlot y al escenario al aire libre de Jimmy Kimmel, los vemos: más de mil fanáticos de BTS que estallan en gritos apenas nos detectan. Llevaban horas esperando. Más tarde, Mac Burrus, productor musical del programa, me cuenta que un grupo de cinco adolescentes pasó dos noches completas ahí, en la calle y dentro de bolsas de dormir.
En el green room, por fin llega un momento de calma. Suga y RM comen plátanos. Jin juega en su Nintendo Switch. Jungkook y J-Hope se recargan somnolientos uno sobre el otro en el sofá. V se acuesta en el suelo para que el masajista le ajuste el cuello con una brutal torsión digna de un asesino profesional, antes de acomodarse en otro sillón para ver Carpool Karaoke. Cerca de las cuatro de la tarde, los productores llevan a un par de madres ARMY para un sketch donde molestan a sus hijas —todavía formadas afuera— mediante FaceTime desde el ‘santuario’ de BTS. Más tarde, las chicas regresan y aprovecho para hablar con ellas. Ambas descubrieron a BTS a través de YouTube. Adriana, de 24 años, está aprendiendo coreano ‘despacio pero con seguridad’ para escuchar a los integrantes en su propio idioma. Rosa, de 18, insiste: ‘El idioma no es una barrera cuando se trata de música’.
A las 6:20 de la tarde, BTS se dirige al escenario. Desde atrás, el sonido se parece al de una montaña rusa llena de pasajeros gritando al mismo tiempo. Un trabajador veterano del staff pasa junto a mí con una sonrisa incrédula y murmura: ‘Esto es una locura’.
Desde bambalinas observo cómo la banda arrasa con un set de seis canciones que provoca lágrimas, manos cubriendo rostros y gritos constantes. Durante ‘Save Me’, una canción con ecos de Where Are Ü Now, el público ejecuta un ‘fanchant’ perfectamente coordinado al estilo K-pop, coreando en sucesión rítmica el nombre real de cada integrante. Apenas logro escuchar la música, así que no caigo en cuenta hasta el final de que BTS parece no utilizar pistas vocales de apoyo, como suelen hacerlo grupos estadounidenses o británicos: rapean y cantan cada parte completamente en vivo mientras ejecutan coreografías ininterrumpidas.
Cuando todo termina, poco después de las siete de la noche, un agotado J-Hope se deja caer sobre el asfalto, fuera de la vista del público y de su propio equipo. Respira con dificultad, el pecho agitado y los ojos completamente abiertos. Treinta segundos después se reincorpora y corre para alcanzar al resto de los integrantes de BTS, que ya desaparecen por el pasillo rumbo al green room. Justo antes de doblar la última esquina, una voz chillona estalla detrás de mí: ‘¡Dios mío! ¡J-Hope volteó a verme!’.
Tomado de https://es.rollingstone.com/



