Moto del día: Kawasaki KLV 1000

La Kawasaki KLV 1000 era, básicamente, una Suzuki V-Strom 1000 con los logotipos de Akashi y vestida de naranja. Nació en el año 2004 fruto de un efímero acuerdo entre ambas marcas niponas que terminó siendo bastante poco provechoso para Kawasaki. El dominio comercial de la V-Strom original fue aplastante incluso para su propia hermana gemela, y cuando la V-Strom 650 desembarcó en los concesionarios, lo testimonial de la KLV 1000 quedó todavía más al descubierto.
Pocas etapas en la historia de la moto han dejado alianzas tan extravagantes como la que firmaron Suzuki y Kawasaki a principios de los años 2000. Asediadas por el aplastante dominio de Honda y Yamaha, ambas firmas decidieron unir fuerzas en 2001 mediante un pacto de desarrollo compartido y trasvase de modelos. Kawasaki aportaba sus custom, mientras que Suzuki prestaba sus monturas de campo y carretera. De aquel matrimonio de conveniencia vio la luz en 2004 uno de los clones más descarados del sector.
En los despachos de Akashi urgía contar con una maxi-trail en el catálogo para plantar cara a la omnipresente BMW R 1150 GS y a la Honda Varadero 1000. Sin tiempo ni presupuesto para desarrollar una plataforma desde cero, la solución fue tan directa como abrir la puerta trasera de la fábrica de Hamamatsu, coger la V-Strom, pintarla de un llamativo color naranja y ponerle los logotipos de Kawasaki en el depósito.
Bajo la pintura no había trampa ni cartón: la mecánica era idéntica a la de la V-Strom. Montaba el celebrado motor bicilíndrico en V a 90 grados de 996 centímetros cúbicos —heredado de la rabiosa TL1000S—, alimentado por una inyección electrónica con cuerpos de mariposa de 45 milímetros. Entregaba unos alegres 98 caballos de potencia a 7.600 revoluciones por minuto y un contundente par máximo de 101 Nm a 6.400 vueltas. Era un propulsor lleno de carácter, con unos medios demoledores y una estirada en alta que dejaba en evidencia a la mayoría de sus rivales de segmento.
La parte de ciclo también se mantenía intacta. Montaba el característico chasis doble viga de aluminio, un depósito con 22 litros de capacidad para asegurar tiradas largas en autopista y suspensiones de recorrido generoso con llanta delantera de 19 pulgadas. La prensa británica de la época se divertía señalando que, en algunas unidades de prensa internacionales, la marca ni siquiera se había molestado en retirar las pegatinas del control de calidad con el sello de Suzuki pegadas en la pipa de la dirección o bajo el asiento.

Nacida del efímero pacto estratégico firmado entre Suzuki y Kawasaki a principios de los años 2000, la KLV 1000 introdujo por primera vez la pantalla frontal regulable en altura que posteriormente adoptó la propia V-Strom 1000, diferenciándose estéticamente por su pintura de tono Metallic Spark Orange con el chasis y basculante rematados en negro mate
Aunque los aficionados la resumían sin rodeos como «una V-Strom vestida de naranja», la firma intentó aportar su propio toque distintivo para darle personalidad frente a su hermana gemela. Se ofrecía únicamente en un llamativo tono naranja —Metallic Spark Orange— con el bastidor y el basculante pintados en negro mate, lo que le daba un aspecto algo más agresivo y deportivo que la Suzuki.
Estrenó, además, una pantalla delantera regulable manualmente en altura, un práctico detalle de confort que la V-Strom original no traía en sus primeros años y que la propia Suzuki acabó incorporando poco después gracias a este rediseño. El conjunto se completaba con un cuadro de instrumentos con serigrafía y grafismos propios, retrovisores específicos y un embellecedor de plástico diferente bajo el faro delantero.
Comercialmente, la maniobra tuvo un éxito muy moderado. Para el comprador de la época resultaba difícil de entender por qué debía pagar en un concesionario por una moto fabricada íntegramente por Suzuki, que para colmo se vendía por un precio ligeramente superior a la original. El acuerdo entre ambas marcas saltó por los aires en 2006 y la KLV 1000 desapareció del catálogo sin dejar un reemplazo directo hasta la llegada posterior de la Versys 1000.
Se produjeron relativamente pocas unidades entre 2004 y 2005, lo que convierte a la Kawasaki KLV 1000 en un modelo casi de culto en el mercado de segunda mano. Para muchos aficionados, la KLV no solo era estéticamente más agraciada y moderna que la primera V-Strom 1000, sino la demostración de que, a veces, la mejor moto de la marca… llevaba un motor Suzuki en las entrañas.
Nota original publicada en el portal de motos.espirituracer.com el 23 de octubre de 2026: https://motos.espirituracer.com/motodeldia/moto-del-dia-kawasaki-klv-1000/.
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