Joaquín Furriel cuenta el show de Ca7riel y Paco Amoroso desde adentro: “Fue una experiencia única”
“Me habían invitado y me copé mucho por mi hija. Yo los conozco por mi hija. Sabía que iba a tener que estar en el escenario, pero no tenía muchas precisiones más”, le cuenta Joaquín Furriel a Rolling Stone. El actor, que se prepara para salir de gira por distintos puntos de la Argentina (antes de partir a Europa) con La verdadera historia de Ricardo III, la rutilante relectura del clásico de William Shakespeare dirigida por Calixto Bieito, fue una de las figuras convocadas a participar, en esa especie de estrado que montaron en el escenario, del estreno del Free Spirits World Tour en el Movistar Arena de Buenos Aires.

Como si fuera la casita que Bud Bunny instauró en su residencia en Puerto Rico, Ca7riel y Paco lookearon a un variopinto aquelarre de celebridades y amigos: una lista que incluyó a Martín Piroyanski, Wallas, Chita (cantante y novia de Ca7riel), Juliana Gattas, Jota Morelli, Esmeralda Mitre la DJ Anita B Queen (colaboradora del grupo en el célebre Tiny Desk), Maia Reficco, Coti, Chowi Fernández (compañero de Ca7riel en Barro, su proyecto de heavy metal) entre otros.
Lo que no imaginaba, Furriel, era el atuendo: los batines blancos que los uniformaban como si fueran integrantes de un coro gospel (o internos de una clínica de rehabilitación). “Ahí más o menos lo pesqué. Pero te confieso que no pensé que íbamos a estar tan adentro del show”, confiesa Furriel.
Furriel fue al show con su hija de 18 años. “Yo lo conocí a Ca7riel por ella, cuando tenía 11 o 12 años, que lo iba a escuchar a él en su plan solista. Ahí empecé a conocerlo bastante, lo vi en varios shows porque la llevaba a ella. Vi todo el recorrido que hicieron con Paco”, dice el actor.
Impactado por la energía sobre el escenario, dice que no es comparable con la dinámica teatral. “Por más que estuve frente a 2000 personas en salas grandes, no se puede ni comparar, porque la música es otra experiencia. La energía que ellos tienen, que transmiten, y lo que pasa con su gente que lo va a ver es algo realmente impactante que cuando estás arriba del escenario, se te viene arriba. Me quedé realmente impactado porque si bien he visto varios shows de músicos amigos que me han invitado al escenario, siempre habia sido en un costado, nunca detrás de los músicos. Me impactó mucho tener el mismo punto de vista que tienen ellos”, celebra. Y hace una analogía vinculada a las artes plásticas: “Fue una experiencia única ver la propuesta desde ahí; se sentía como ‘La lección de anatomía’, de Rembrandt. Estábamos mirando el show anatómicamente. No estás viendo un show: estás en la entraña, en la parte más íntima”.
Incluso el sonido debe ser distinto ahí arriba…
Totalmente. Se vive diferente porque escuchás el retorno, no la salida directa que tiene el espectador. Como actor me interesa mucho la puesta y la dirección, y observaba cómo armaron los climas. La base sigue siendo la banda, que suena increíble, pero hay algo muy meticuloso en el manejo de escena. Es una experiencia súper teatral.
Desde abajo se percibía algo entre un coro griego y un reality show.
A mí la primera imagen que se me vino fue una iglesia: nosotros éramos un coro gospel que no canta. Después pensé que también podía ser una clínica de rehabilitación. Pero hay algo en lo que ellos hacen que me resulta muy interesante: con mucha felicidad y virtuosismo, pero también con mucha ironía, deslizan temas que, si te agarran desprevenido, parece que hablan de una cosa pero se están riendo de eso. Tienen un humor sutil. Todo este periplo, desde el Tiny Desk hasta ahora, lo reforzaron manejando su propia narrativa. Juegan con la ficción y la realidad de una manera muy original.
¿Recibieron instrucciones precisas de dirección o hubo libertad para circular?
Hubo muy pocas limitaciones. Nos ubicaron en los espacios, pero después todo se puso más orgánico y menos disciplinado. En un momento empezó a haber movimiento natural de los “pacientes” del coro. Cada uno iba para donde le pintaba. En un momento Paco vino a mi zona a cantar y de repente éramos veinte personas donde antes había cuatro. Estar todos con el mismo uniforme, con gente que quizás conocés de otros ámbitos pero no personalmente, fue muy estimulante. Al final nos dijeron que podíamos bajar a bailar y bajamos todos, no hubo ninguno que se lo perdiera.
Siendo vos baterista, tenerlo ahí a Edu Giardina a un metro y medio debe haber sido especial.
¡Es una bestia! El anteaño pasado los vi en Madrid en un lugar chico y me pasé toda la noche hablando con Edu porque soy fan de los bateros. Verlo tocar ahí… me vuela la cabeza. Me pasé un buen rato mirándolo solo a él, no podía creer lo que toca y el lugar que tiene en la banda. Tenerlo a un metro y medio, y que esté convalidado que vos estés ahí como parte del show, me pareció genial.
¿Cómo ves este momento de la carrera de ellos?
Se nota que hay un equipo y que están en permanente estado de creación. Crean su propia realidad y su propio contenido audiovisual. Esto es mucho más que un concierto, hay una narrativa. Tienen esa libertad creativa y un desparpajo que sale de saber que están haciendo exactamente lo que quieren hacer. No están forzando nada.
Tomado de https://es.rollingstone.com/



