Moto del día: Gilera CB1
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El CB1 fue la respuesta de Gilera a un segmento muy concreto: jóvenes que querían algo más ligero y ágil que un scooter, pero sin renunciar al estilo “pseudodeportivo” que dominaba aquella generación. Y aquí es donde brillaba el concepto del tubone. El chasis era un elemento visual en sí mismo, una especie de columna vertebral metálica que marcaba carácter y que permitía que el depósito quedara integrado de forma natural. De lejos, podía parecer una moto pequeña; de cerca, era un ciclomotor con mucha actitud.
Gilera diseñó el CB1 con la ayuda de Paolo Martín con la idea de crear un ciclomotor fácil y sencillo, pero con espíritu, con un motor de 49 centímetros cúbicos de dos tiempos que, siendo modestísimo de origen, admitía todas las fantasías mecánicas de la época. Carburadores Dell’Orto más grandes, escapes Conti o Giannelli, cilindros de 70 y hasta 80 centímetros cúbicos… El CB1 era uno de esos ciclomotores que se transformaban con muy poco, y que en manos de un chaval de 16 años se convertía casi en una extensión del propio cuerpo.
El diseño merece mención aparte. El faro cuadrado, el manillar elevado pero no demasiado, la llanta delantera de radio generoso y el guardabarros cromado daban ese aire entre urbano y scrambler que en los 80 funcionaba muy bien. Y el depósito, integrado en la columna central, remataba un aspecto que hoy se ve “muy de época”, pero que entonces era sinónimo de modernidad. Las primeras unidades, aparecidas en 1979, montaban un asiento corto y llantas de radios.
En cuanto a comportamiento, con una horquilla hidráulica y dos amortiguadores igualmente hidráulicos atrás, el CB1 era ligero, juguetón y agradecido. No tenía las pretensiones deportivas de un Fantic Fast o un Motron Compact Racing RZ1 más radical, pero tampoco pretendía ser lo que no era: estaba pensado para moverse por el pueblo, ir al instituto, hacer recados y, de paso, colarse por los caminos de tierra con una soltura sorprendente. El motor, con su mezcla al 2%, tenía ese punto nervioso tan característico de la época, y en cuanto se le tocaban un par de cosas –siempre con cierta lógica–, el ciclomotor ganaba alegría sin perder fiabilidad.
Hoy, el Gilera CB1 es un modelo relativamente raro, especialmente fuera de Italia. No arrastra la fama de un Piaggio Si ni el aura deportiva de los tubone más canallas, pero tiene algo que lo hace muy atractivo como pieza de colección: representa la madurez del concepto, un equilibrio entre utilidad y estilo que pocas marcas supieron clavar.
Para quienes disfrutaron aquella época, el CB1 es ese ciclomotor que quizá no tuvieron… pero que siempre reconocían al verlo pasar. Un diseño muy “Gilera”, sencillo y eficaz, que merece estar entre los tubone míticos por derecho propio.
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