‘Tercer milenio’, el disco de Orion’s Beethoven en el que grabaron Charly García y Valeria Lynch

El martes pasado, a través de un comunicado, se dio a conocer la noticia de la muerte de Adrián Bar, guitarrista y compositor argentino al frente de Orion’s Beethoven junto a su hermano Ronan y para recordarlo qué mejor que rescatar el segundo álbum de su primer banda, Tercer milenio, editado en 1977, justo antes de mutar de nombre (Orions) y de estilo (del rock progresivo al rock más clásico).
Orion’s Beethoven se formó a fines de 1968, con Adrián en guitarra, Ronan en bajo y José Luis González en batería, y debutó públicamente un año después, en el pionero festival de rock Pinap, donde se consagraron como revelación. Cuatro años más tarde le llegó finalmente la posibilidad de grabar su primer álbum, Superángel, pero al poco tiempo González dejó el grupo y la carrera de Orion’s Beethoven quedó en suspenso… ¡hasta 1977! (toda una vida en tiempos en que los grupos editaban, como mínimo, un disco por año).
“Estábamos llegando a un límite muy feo. Se notaba cuando teníamos que componer, porque las cosas se hacían muy forzadas y tardábamos muchísimo en conseguir sacar algo coherente. Pudimos haber cambiado a algún integrante y probar con otra formación, pero lo mejor era dejar todo y tomarnos unas ‘vacaciones’ del grupo”, le explicó en aquel momento Adrián a la revista Pelo, en una entrevista en la que además de hablar de su regreso con nuevo disco bajo el brazo, presentaron en sociedad al nuevo integrante que se haría cargo de la voz principal de la banda, Petty Guelache.
Tercer milenio llegó entonces con varios cambios, incluyendo un sonido más pesado que el que habían mostrado en su debut, con destellos de blues y hard-rock y la participación como invitados de Charly García (toca el Mellotron en el tema “Ella y los colores”), quien había editado recientemente el primer disco de La Máquina de Hacer Pájaros, y de Valeria Lynch (coros en “Amistades desparejas” y “Canción del lobo”), una joven cantante que acababa de debutar discográficamente como solista.
En una entrevista para la revista Roll, también de 1977, Adrián explicaba así el giro sonoro del grupo:“Quiero aclarar una cosa con respecto a la música pesada o fuerte que estamos haciendo ahora. En mi caso personal, cuando me pongo a componer no decido de antemano hacer temas en la onda jazz-rock, porque está de moda. Cuando me pondo a componer algo, me sale esto. No es que decidimos hacer una música más o menos pesada, sino que nos pusimos a tocar y salió lo que estamos haciendo; más allá de que esté de moda mezclar el rock con el tango. Lo que estamos haciendo suena estrictamente como Orion´s Beethoven; es música fuerte pero elaborada. La gente tiende a comparar. Tenemos muchas influencias, pero eso no significa que sonemos parecido a un grupo en particular. Resulta que el rock nació en Estados Unidos. Puede venir del blues, los negros o África; no está exactamente definida de donde proviene su raíz. Entonces, de base, el rock es universal. Ya no existe el concepto de que el rock es penetración cultural de Estados Unidos. El rock es argentino como puede ser yugoslavo o norteamericano”.
El disco va de “Amistades desparejas”, un rock fuerte que no desentonaría en ninguno de los trabajos de Pappo’s Blues, a la languidez Sui Generis de “Ella y los colores”, y el prog-rock grandilocuente y futurista de “Niño del Tercer Milenio”. Así lo desarrollaba el misom Adrián Bar en aquella entrevista, demostrando sus intereses intelectuales más allá de la música: “El nombre (del disco) salió de uno de los temas, ‘Niño del tercer milenio’. Tercer milenio significa año 2000, es un futuro inmediato. Ese tema pinta como pienso que van a ser los chicos del año 2000, los chicos superdotados –que ya hay-, mutantes. La letra del tema habla, en un verso, de un niño muerto en cuclillas, y esto se ve ahora en las guerras de África, Biafra, en las fotos de chicos raquíticos muertos; es muy actual. Que la sociedad está totalmente mecanizada, también se ve ahora. No necesariamente los chicos, los seres humanos, están mecanizados, sino que crecen con sentimientos diferentes, quizás un poco más crueles y egoístas. Probablemente, no hay lugar para el romanticismo. En esa canción hay pantallazos, imágenes, durante uno de los tantos años después del año 2000; es después de una guerra nuclear. Por ejemplo, hay radioactividad en el aire, hay hambre en muchos lugares; y es cuando la humanidad comienza a erigir nuevos mitos, nuevos dioses, un nuevo renacimiento”.
Tomado de https://es.rollingstone.com/



