El sonido de 2016, diez años después

2016 no fue solo un buen año para la música: fue un punto de inflexión. Un momento en el que el pop global terminó de mezclarse con el pulso latino, en el que el reguetón dejó de pedir permiso, las canciones en español se instalaron en el centro de la conversación y los discos empezaron a dialogar con un mundo cada vez más fragmentado, digital y emocional.
Diez años después, volver a estos álbumes y canciones no es un ejercicio de nostalgia, sino una forma de entender cómo se reconfiguró el mapa sonoro que hoy damos por sentado: del impacto cultural de artistas latinoamericanos que cambiaron la escala del pop, a obras internacionales que redefinieron la intimidad, la ambición y el riesgo en el mainstream. Este recorrido mira a 2016 desde 2026 con oído crítico, reconociendo qué sonidos resistieron el paso del tiempo y por qué, en muchos casos, ese año sigue funcionando como una brújula para entender hacia dónde va la música.
Beyoncé – Lemonade
Lemonade no solo consolidó a Beyoncé como una de las artistas más influyentes de su generación, sino que redefinió lo que un álbum pop podía ser en la era digital. Concebido como una obra audiovisual total, el disco convirtió la intimidad, el duelo, la rabia y la reconciliación en un gesto político y cultural. En 2016, cuando el streaming aceleraba el consumo y diluía los relatos largos, Lemonade apostó por la narrativa, el concepto y la autoría con una ambición que todavía resuena en cómo entendemos los lanzamientos de alto impacto.
David Bowie – Blackstar
Lanzado apenas dos días antes de su muerte, Blackstar es uno de los gestos artísticos más radicales que dejó el siglo XXI. Bowie convirtió su despedida en una obra enigmática, jazzística y profundamente consciente del final, desafiando cualquier idea de legado complaciente. En un año marcado por la inmediatez y el ruido, Blackstar apostó por el misterio, el silencio y la interpretación abierta, recordando que el riesgo creativo también puede ser una forma de eternidad.
Diamante Eléctrico – La Gran Oscilación
En medio de un panorama latino cada vez más dominado por el pop urbano, La Gran Oscilación reafirmó la vigencia del rock hecho en español sin nostalgia ni pose. El disco encontró un equilibrio entre energía cruda, sensibilidad melódica y letras que hablaban desde lo cotidiano, conectando con una generación que buscaba emoción antes que etiquetas. Diez años después, sigue siendo una referencia clave para entender cómo el rock latino sobrevivió adaptándose, no resistiéndose.
Drake – Views
Views capturó el momento exacto en que Drake dejó de ser solo un rapero exitoso para convertirse en un arquitecto del pop global. El disco absorbió sonidos del dancehall, el R&B y la música caribeña, anticipando una década en la que la hibridez sería la norma. En 2016, Views no solo sonaba en todas partes: enseñó cómo el mainstream podía expandirse sin perder identidad, marcando el camino para el pop multicultural que hoy domina las listas.
Frank Ocean – Blonde
Blonde es sinónimo de 2016 y viceversa. Considerado por muchos —incluida la revista ROLLING STONE— como uno de los mejores álbumes del siglo XXI, su fuerza radica en un enfoque profundamente introspectivo, sostenido por melodías que se mueven entre el R&B y el pop experimental, ambos con un claro componente minimalista. A nivel temático, Ocean explora el amor, la memoria, la sexualidad y la aceptación desde una narrativa fragmentada y basada en sus propias experiencias, convirtiéndose en una obra que redefinió el sonido de toda una generación.
J Balvin – Energía
Energía fue el disco que terminó de mover el reguetón del margen al centro sin necesidad de traducciones ni concesiones. Balvin entendió antes que muchos que el pop global ya no se medía en idiomas, sino en impacto cultural, y este álbum funciona como una declaración de principios: colaboraciones estratégicas, producción pulida y canciones pensadas para cruzar fronteras. Diez años después, Energía se lee como el punto donde el pop latino dejó de aspirar a lo global y empezó a definirlo.
Justin Hurwitz – La La Land (Original Motion Picture Soundtrack)
Reconocida con el Óscar a mejor banda sonora, es claro que Justin Hurwitz dejó uno de los grandes soundtracks de la década. Llena de jazz con ocasionales toques electrónicos y modernos, es una carta de amor al género, acompañando a la perfección una de las películas que marcaron el 2016. Es imposible no hablar de ‘City of Stars”, una balada sobria sostenida únicamente por un piano y la voz de los protagonistas que captura por completo la esencia de La La Land: la ilusión del sueño, incluso cuando la realidad termina imponiéndose.
Kanye West – The Life of Pablo
Caótico, brillante, errático y profundamente influyente, The Life of Pablo capturó como pocos discos la ansiedad creativa de su tiempo. Kanye convirtió el álbum en un objeto mutable, actualizado en tiempo real, rompiendo con la idea de obra cerrada justo cuando el streaming redefinía las reglas del juego. En 2016, TLOP no solo sonaba distinto: pensaba distinto, anticipando una era donde el proceso, el error y la contradicción también forman parte del arte.
Reik – Des/Amor
Reik, para el amor y desamor. La agrupación lo entendió hace una década. Con este álbum, la banda mexicana nos relata cada fase de lo que conlleva adentrarse en una relación amorosa: la montaña rusa en el estómago del primer encuentro, la ilusión del primer amor y el corazón roto de lo que no pudo ser. Se trata de un retrato de aquella dualidad que juega entre aquellas experiencias que nos forman como seres humanos, con una lírica cargada de sentimentalismo y realidad que consolidó a Reik en la escena del pop romántico.
Rihanna – Anti
Con Anti, Rihanna hizo algo poco común en el pop de estadios: desacelerar. El disco se alejó de la fórmula de hits inmediatos para explorar texturas, silencios y una sensualidad menos obvia, más introspectiva. En un año obsesionado con la viralidad, Anti apostó por el mood, la actitud y la coherencia estética, marcando un punto de inflexión en cómo las estrellas pop podían reinventarse sin pedir permiso ni explicaciones.
The Last Shadow Puppets – Everything You’ve Come to Expect
Tras un primer LP plagado de ritmos veloces y riffs agresivos, el dúo britanico compuesto por Alex Turner y Miles Kane regresó en 2016 con un aura más sombría y llena de incertidumbre. En esta entrega, compuesta por 11 canciones, los artistas se complementan a la perfección con letras reflexivas y sonidos cercanos al post-punk que le dan al proyecto una estética adulta y dramática, dejando atrás el espíritu juvenil del debut pero sin sentirse fuera de lugar dentro del crecimiento del grupo.
The Weeknd – Starboy
En su tercer álbum de estudio, The Weeknd amplió el alcance de su universo narrativo y entregó al público uno de los mejores álbumes del año. Con un giro radicalmente su sonido, pasando del R&B al synth-pop, el electro-funk y el pop, el proyecto funciona como una nueva era del cantante, quien “mató” a su versión anterior para asumir su rol de estrella global. Starboy funciona como una oda al ego, a los excesos y a la sensualidad, mientras arrasa con récords de reproducciones, ventas y premios, incluidos varios Grammy.
Leiva – Monstruos
Monstruos consolidó a Leiva como uno de los grandes narradores del rock en español de su generación. Con un sonido robusto y letras que exploran la vulnerabilidad, la obsesión y el conflicto interno, el álbum conectó con una sensibilidad muy propia de 2016: la de exponer las grietas sin disfrazarlas. Diez años después, Monstruos sigue dialogando con una audiencia que entiende la honestidad emocional como una forma de resistencia.
Morat – Sobre el amor y sus efectos secundarios
El álbum debut de la banda colombiana los puso en el mapa. En este trabajo, Morat logró transformar en música aquello que el corazón no supo expresar con palabras. A una década de su lanzamiento, las canciones que componen el disco continúan siendo un hito en la trayectoria de la agrupación, hoy reconocida como un referente de la música contemporánea en español.
Bruno Mars – 24K Magic
Mientras muchos miraban hacia el futuro digital, 24K Magic miró hacia atrás con precisión. Bruno Mars rescató el funk, el R&B y el pop ochentero no como nostalgia, sino como celebración del groove y la artesanía musical. En 2016, el disco funcionó como recordatorio de que el virtuosismo, el showmanship y el placer físico de la música seguían teniendo un lugar central en el mainstream.
Tomado de https://es.rollingstone.com/



