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Hablar de la Puch 125 SV es viajar a una Austria que despertaba de la gran contienda con la necesidad de movilidad, pero sin renunciar a una ingeniería que siempre ha rozado la excelencia. Lanzada en 1953, la 125 SV (Schwingarm-Vollnabe, que hace referencia a su moderno basculante y bujes de freno integrales) no era una simple moto económica; era una declaración de intenciones de la fábrica de Graz.
Un motor fuera de lo común: el sistema Split-Single
Lo que realmente hace que la Puch 125 SV sea una pieza de museo rodante es su motor. A diferencia de los monocilíndricos convencionales de dos tiempos, Puch apostó por un sistema de dos pistones que comparten una única cámara de combustión y una sola biela en forma de “Y”. Este diseño, conocido como split-single o motor de pistones paralelos, permitía una mejor gestión de la admisión y el escape, optimizando el barrido de gases y ofreciendo un par motor mucho más lineal y una suavidad de marcha inusual para una 125 de la época.
Con este propulsor, la pequeña Puch entregaba unos honestos 6,5 CV a 5.800 rpm, suficientes para alcanzar los 80-85 km/h, una velocidad más que respetable para las precarias carreteras de los años 50. Además, su consumo era bajísimo, lo que la convirtió en la aliada perfecta para los trabajadores que necesitaban un vehículo fiable y económico.
Chasis de chapa estampada y elegancia austriaca
Estéticamente, la 125 SV destaca por su chasis de chapa de acero estampada, una solución que permitía una fabricación en serie eficiente pero que, a su vez, le otorgaba una rigidez y una limpieza de líneas envidiable. El color azul metalizado o el clásico granate, acompañados de los fileteados dorados, hacían que pareciera una moto de una categoría superior.
En el apartado de ciclo, fue de las primeras en popularizar el basculante trasero con amortiguadores hidráulicos, dejando atrás las rígidas y secas suspensiones de muelle tradicionales. Los frenos de tambor de buje completo (de ahí el nombre “Vollnabe”) aseguraban una detención progresiva y segura, algo vital en una moto que solía cargarse hasta los topes en viajes familiares o de reparto.
El legado de la 125 SV
La Puch 125 SV estuvo en producción hasta finales de los 60, con más de 50.000 unidades vendidas, lo que demuestra que fue un éxito absoluto de ventas y fiabilidad. Para los aficionados españoles, esta moto es el germen de lo que más tarde llegaría a través de Avello, marcando el camino de robustez que siempre ha caracterizado a la marca.
Hoy en día, la 125 SV es una de las clásicas más agradecidas de restaurar. Su mecánica es pura relojería austriaca, su diseño es atemporal y sigue siendo capaz de recorrer carreteras secundarias con una dignidad que ya quisieran muchas máquinas modernas. Es, en definitiva, la moto que demostró que la sencillez no está reñida con la brillantez técnica.
La imagen principal procede del blog Thaler Oldtimerfreude
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