Harry Styles está dispuesto a todo en ‘Kiss All the Time. Disco, Occasionally’

Un poco más allá de la mitad de este álbum deliciosamente extraño, a menudo hermoso y constantemente fascinante, las cosas se vuelven francamente excéntricas, al menos en términos musicales. Tras desplegar cantidades épicas de bajo, un coro góspel, un baterista valiente que —ya sea en un tema contundente o en una balada— siempre encuentra la forma de intensificarlo todo, una amplia gama de trucos y capas rítmicas, guitarras acústicas y eléctricas, y toda clase de pulsaciones, atmósferas y texturas, Harry Styles se encoge de hombros y parece decir: ¿por qué no todo al mismo tiempo?
‘Season 2 Weight Loss’ arranca con un ruido eléctrico —algo que zumba al encenderse, conectarse o retroalimentarse— antes de que unos teclados que podrían habitar sin problema en un disco de Kraftwerk resuenen en medio de unos segundos de quietud. Lo que entra después recuerda a los breakbeats fragmentados del drum-and-bass, salvo que los golpes caen en lugares inesperados, como si intentaran esconderse del tempo en lugar de impulsarlo.Cuando el bajo irrumpe, lo hace ligeramente desfasado, como si hubiera tres pestañas abiertas en la computadora, cada una reproduciendo una canción distinta.
Styles se dirige a alguien que pudo haber estado entre sus brazos pero que se resiste —“Do you love me now?”, pregunta, no por primera ni última vez en Kiss All the Time. Disco, Occasionally., en busca de algo que siempre parece estar fuera de alcance. La música crece y crece —teclas de aire circense persiguiendo un coro lejano, la batería golpeando como si alguien intentara derribar una puerta— hasta que, como si una campana de meditación despejara el espacio, todo se detiene para que Styles cante: “You’ve got to sit yourself down sometimes.” Y, entregada la lección, todo vuelve a comenzar.
Si suena extraño, lo es. Y también es representativo de cómo este álbum subvierte expectativas. Styles estuvo de gira durante 22 meses con sus dos discos anteriores, Fine Line (2019) y Harry’s House (2022), cerrando el último de 169 conciertos en julio de 2023. Después, dijo, quiso situarse del lado del público, reconectar con la sensación de estar en la oscuridad, perdido entre la multitud, bailando y cantando con desconocidos. La música que ha concebido aquí junto al productor Kid Harpoon —colaborador clave en sus trabajos previos— refleja ese deseo.
Como antes, ignora definiciones y borra fronteras: rock-pop, orgánico-sintetizado, escrito-improvisado, auténtico-contruido. Se sostiene en una libertad múltiple —sexual, sí, pero también lúdica— que saquea el pasado sin preocuparse por la historia. Sin embargo, Kiss All the Time. Disco, Occasionally. es más sensorial y menos centrado en la figura de la estrella que sus discos anteriores. La voz de Styles a veces queda en segundo plano, filtrada o sumergida en la mezcla. Y aunque hay ganchos melódicos —muchos—, en ocasiones ceden protagonismo a graves profundos, grooves y sacudidas que resultan provocadores tanto en lo sonoro como en lo erótico. Es música más interesada en el ser que en el significado, en la experiencia más que en el ego.
El álbum abre con cuatro verdaderos bombazos: la hipnótica ‘Aperture’; ‘American Girls’, con un bajo crujiente que parece salido de un videojuego de 8 bits; ‘Ready, Steady, Go!’, que combina una línea de bajo al estilo Chic con un efecto de despegue de avión, como si un DJ mezclara el mismo tema en dos tornamesas levemente desfasadas; y ‘Are You Listening Yet?’, con vibraciones propias de la década de 2010 que evocan tanto a LCD Soundsystem como a las producciones sintéticas de Stargate para Rihanna. También está ‘Dance No More’, una celebración ochentera de sintetizadores sin tregua en la pista, con coros que gritan “Respect your mother!” en alusión a la cultura drag-ball.
Pero, pese a la portada con bola de espejos, no es exactamente el disco bailable de Styles. Temas como ‘The Waiting Game’ y ‘Carla’s Song’ son canciones pop vestidas con ropa disco. ‘Coming Up Roses’ abandona la pista para convertirse en una balada sobre una noche de excesos, interpretada por una orquesta de 39 músicos que funciona más como banda que como simple sección de cuerdas. Y Styles no ha renunciado a su gusto por el clasicismo melódico de los años sesenta. En ‘Paint by Numbers’ reflexiona sobre los placeres y riesgos de su condición de ídolo pop mientras rasguea una guitarra acústica acompañada por cornos franceses y un teclado de aire mellotron. “Oh what a gift it is to be noticed, but it’s nothing to do with me”, canta. “It’s a little bit complicated when they put an image in your head and now you’re stuck with it.”
El tema reaparece en ‘Pop’, impulsado por un rebote electrónico y una melodía sintética de aire rococó, que podría hablar de música, orgasmo, drogas o todo a la vez. Styles menciona inyecciones a plena luz del día y la ausencia de papel para liar antes de afirmar: “It’s just me / On my knees / Squeaky clean fantasy / It’s meant to be pop.”
En la mayor parte de Kiss All the Time. Disco, Occasionally., sin embargo, Styles es un buscador, empeñado en encontrar —o ofrecer— iluminación, éxtasis, amor o luz. El disco comienza con él cantando sobre dejar entrar la luz en ‘Aperture’ y concluye con ‘Carla’s Song’, donde la encuentra no en los ojos de otra persona, sino en el oro que esos ojos perciben, como si su propia capacidad de empatía y comprensión —más que el sexo o el romance— hubiera sido el objetivo final.
Entre esos dos puntos hay estómagos que se agitan como mariposas, amigos que coquetean “con los malos”, sexo sin intimidad, un mantra olvidado, el deseo de saber qué significa sentirse a salvo y una sensación de aventura casi psicodélica. “If you know, then you know”, canta en el cierre, como si descendiera de un viaje o saliera del club más exclusivo del mundo tras una fiesta de tres días. “If you don’t, then you don’t.” La melodía se desliza como la marea, los ritmos se elevan, y comparte una última bendición: “It’s all waiting there for you.”
Tomado de https://es.rollingstone.com/



