Álbumes de pop más ambiciosos, ¿podrá el público seguir el ritmo?

This Music May Contain Hope, el último álbum de la cantante británica Raye, exige mucho a su público. La mayoría de las canciones de este proyecto de 17 temas parecen sacadas de la banda sonora de una película épica, y hay un momento en la última canción que se desarrolla como si fueran los créditos finales. Raye agradece a todos los que ayudaron a crear el LP, poniendo fin a una experiencia auditiva gloriosamente desorientadora.
Durante la mayor parte del álbum, Raye le pide al oyente que la acompañe mientras lucha y reza en medio de la desesperación y la autocrítica para mantener viva la esperanza. A veces, esa batalla se filtra a través de canciones que suenan como temas de musicales o himnos de góspel. En el caso de ‘Click Clack Symphony’, van creciendo hasta convertirse en una vertiginosa composición de Hans Zimmer. Hay un nivel de paciencia que el álbum exige a sus oyentes: a la vez confrontativo y confesional, This Music May Contain Hope no está pensado para una escucha distraida y pasajera, y es uno de varios lanzamientos que muestran cómo las estrellas del pop están creando proyectos sorprendentemente ambiciosos y abrumadoramente íntimos que fomentan una participación intencional.
El año pasado, Hayley Williams lanzó Ego Death at a Bachelorette Party como 17 sencillos individuales, invitando a los fans a ordenar el disco como este les hiciera sentir. Unos meses después, Rosalía lanzó Lux, un cautivador álbum de 18 temas interpretados en 13 idiomas. Comparte la complejidad musical de This Music May Contain Hope y el espíritu cuestionador del reciente álbum debut de Hemlocke Springs, The Apple Tree Under the Sea. Estos proyectos abordan temas como la angustia mental, la fe y la religión, y la implosión interna e interpersonal.
Raye incluye las voces de sus abuelos al comienzo de la canción ‘Life Boat’: “Estoy vivo, no me rindo”, se escucha decir a su abuelo, grabado apenas unos días antes de su muerte. Más voces se suman a lo largo de los siguientes cuatro minutos. Todas repiten alguna variante de “No me rindo, todavía“, algunas con más desesperación que otras. “Dilo“, dice Raye, severa y directa. “Digan: ‘Aún no me rindo‘”. Hay algo trascendente en los contornos de su voz.
Ese tipo de poder vocal es algo de lo que Rosalía habla a menudo: el “duende”, un término flamenco que se refiere a la emoción que despierta una interpretación vocal especialmente evocadora. No se trata de destreza técnica ni de precisión, hace que la experiencia auditiva se sienta específica y personal, y es especialmente llamativo en Lux. La música se desarrolla de una manera que trasciende el lenguaje. Rosalía lo presentó con el primer sencillo, ‘Berghain’, que se fragmenta entre el alemán, el español y el inglés. Cuando la voz de Yves Tumor irrumpe en el outro de la canción, la repetición de “Te voy a follar hasta que me ames” resulta áspera y abrasiva en comparación con los momentos musicales que la preceden. Rosalía persigue esa fricción a lo largo de Lux, que cuenta con la Orquesta Sinfónica de Londres, el coro Escolania de Montserrat y arreglos que van de lo errático a lo hipnótico. Pone a prueba al oyente con existencialismo y reflexiones sobre la vida después de la muerte. Puede que esto aleje a algunos fans, pero los que se quedan son recompensados.
La mayor parte del LP se inspiró en santos, como Teresa de Ávila o Juana de Arco. Su historia añade una tercera capa a la profundidad de Lux; Hemlocke Springs, de manera similar, se centra en motivos religiosos en The Apple Tree Under the Sea. Ella entreteje cuentos medievales y aventuras impulsivas dignas de un libro de cuentos. Al posicionarse como un personaje de sus historias fantásticas, le brinda a su público alguien a quien apoyar, al tiempo que crea una distancia entre la ficción y la realidad.
En ese sentido, The Apple Tree Under the Sea comparte una teatralidad con This Music May Contain Hope. Las historias con moraleja de Raye sobre los hombres traicioneros del sur de Londres forman parte del mismo espectáculo que ‘Head, Shoulders, Knees, and Ankles’ y ‘Moses’ de Springs. Springs añade un preludio hacia el final en el que se escucha a un hombre predicando en la lejanía sobre el pecado y el juicio final. Se hace más difícil oírlo cuando irrumpen los sonidos de caballos al galope, y el suspenso se intensifica hasta convertirse en un outro orquestal.
Ego Death at a Bachelorette Party, de Williams, también sumerge a los oyentes en una realidad dolorosamente vívida. El momento más honesto es ‘Good ’Ol Days’, cuenta con la aparición de su abuelo, quien le dice, a mitad de la canción: “Tenía que llamarte primero con mi nuevo teléfono / Te quiero, diviértanse todos, adiós“. El interludio enfatiza la interioridad del LP, compuesto por momentos, personas y sentimientos reales.
Todos estos proyectos, por muy diferentes que sean, cuestionan la idea arraigada en la música pop de que la mejor manera de conectar con el gran público es mantener un enfoque amplio, y de que las generalizaciones vagas son más fáciles de entender. Sin embargo, la hiperespecificidad y la confrontación presentes en estos álbumes crean una conexión auténtica, dando la sensación de que se le confían al oyente los secretos y las luchas de alguien, y de aceptar los propios también.
Así mismo, hay una sensación de valentía en cómo estos artistas se dejan llevar por sus convicciones. Piden paciencia mientras recuerdan a los oyentes que es admirable arriesgarse. Algunas personas no acuden a la música buscando esto; no es fácil tener a un artista en tus oídos diciéndote que abordes tus emociones y recuerdos más devastadores. Pero estos parecen ser el tipo de discos que tienen el poder de perdurar en el tiempo.
Tomado de https://es.rollingstone.com/



