A unos ingenieros japoneses de Yamaha se les ocurrió copiar a Harley-Davidson hace 22 años. Acabaron creando la MT, la MotoGP de las Harley

A principios de los 2000, las naked deportivas empezaban a vivir una auténtica edad de oro. Eran ligeras, rápidas y buscaban ofrecer sensaciones muy cercanas a las de una superbike, pero con un manillar alto y una posición más cómoda.
Yamaha decidió recorrer justo el camino contrario. Y no funcionó del todo.
En 2004 presentó la MT-01, una moto que parecía desafiar cualquier lógica y que, visto con perspectiva, hoy también lo sigue haciendo. En lugar de apostar por un cuatro cilindros de altas revoluciones, montó un gigantesco bicilíndrico en V de 1.670 cc, derivado de la gama cruiser de la marca, combinado con una parte ciclo digna de una deportiva.
La propia Yamaha hablaba entonces de una moto con personalidad, alejada de la perfección técnica que tradicionalmente asociamos a la industria japonesa. Una máquina emocional, pensada para transmitir sensaciones más que para marcar tiempos por vuelta.
La idea era atrevida. Quizá demasiado… y también fueron demasiado lejos.

El gran protagonista siempre fue su mecánica: con 90 CV, la cifra de potencia no impresionaba demasiado para semejante cilindrada, pero la historia cambiaba completamente al mirar el par motor: 150 Nm, disponibles prácticamente desde muy abajo.
Era una moto que invitaba a olvidarse del cambio; bastaba abrir gas para notar un empuje contundente acompañado por las características pulsaciones del enorme V-Twin.
Las vibraciones estaban presentes, aunque sin llegar a resultar incómodas, y todo el conjunto transmitía una sensación mecánica muy diferente a cualquier otra Yamaha de la época.
Tampoco iba mal servida de equipamiento. Incorporaba frenos con pinzas radiales, un robusto chasis de aluminio y unos acabados que todavía hoy siguen llamando la atención, con detalles como el espectacular basculante o los escapes elevados bajo el asiento, muy característicos de aquellos años.
En 2009 apareció incluso una MT-01 SP, equipada con suspensiones Öhlins y una puesta a punto algo más deportiva.
Donde empezaban los problemas era cuando la carretera se retorcía ya que los 257 kg declarados condicionaban completamente su comportamiento. En ciudad resultaba aparatosa y, enlazando curvas, exigía decisión sobre el manillar para cambiar de dirección.

No era una moto torpe, pero sí mucho menos ágil de lo que su imagen sugería… y eso, en una moto, es un gran problema.
A ello se sumaban un asiento bastante duro y unas suspensiones con una respuesta seca sobre firmes deteriorados, dos aspectos que penalizaban el confort en rutas largas.
Quizá por eso muchos motoristas nunca terminaron de entender exactamente qué pretendía ser la MT-01: no era una custom, tampoco una naked deportiva al uso ni una muscle bike americana en sentido estricto.
Precisamente esa mezcla tan peculiar terminó alejando a buena parte del público.
Pese a su fama de moto robusta, hay varios puntos que fueron ciertamente controvertidos con esta moto. Por ejemplo, uno de los fallos más habituales está relacionado con el sensor de posición del acelerador (TPS), que puede provocar ralentí inestable o una entrega irregular de potencia.

También merece la pena comprobar el estado del sistema de suspensión. Algunas unidades presentan corrosión en las bieletas del basculante y el amortiguador trasero suele acusar el paso del tiempo, siendo relativamente habitual sustituirlo alrededor de los 30.000 kilómetros.
Como ocurre con muchos bicilíndricos de gran cilindrada, las vibraciones pueden terminar aflojando tornillos, retrovisores o algunos elementos de la carrocería si no se revisan periódicamente.
Otros puntos a vigilar son la bomba de combustible, conocida por poder fallar sin previo aviso, y los rodamientos de las ruedas, que en algunas unidades han mostrado desgaste prematuro.
La MT-01 nunca fue un éxito comercial, pero precisamente esa falta de éxito es parte de su atractivo actual.
Quienes poseen una suelen conservarla durante años y las pocas unidades que aparecen en el mercado de ocasión acostumbran a moverse entre 3.000 y 6.000 euros, dependiendo del estado, el kilometraje y si se trata de la codiciada versión SP.
No es una moto fácil de revender porque sigue siendo un producto muy de nicho. Pero para quien busque una naked diferente a cualquier otra, con un motor descomunal y una personalidad difícil de encontrar incluso veinte años después, la Yamaha MT-01 continúa siendo una de las propuestas más originales que ha salido de Iwata.
Nota original publicada en el portal de motorpasionmoto.com el 20 de julio de 2026: https://www.motorpasionmoto.com/naked/a-unos-ingenieros-japoneses-yamaha-se-les-ocurrio-copiar-a-harley-davidson-hace-22-anos-acabaron-creando-mt-motogp-harley.
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