Malavita: cuando una Ducati decide jugar a ser una BMX… con barra libre incluida
Hay proyectos que nacen para gustar y otros que nacen, directamente, para provocar. La Malavita pertenece sin duda al segundo grupo. Esta creación firmada por Vitaly Balamutti, alma del taller ruso Balamutti, no busca aprobación ni comprensión inmediata. Tras 3 años de desarrollo, el resultado es una moto que desafía cualquier etiqueta lógica: parece una BMX sobredimensionada, late como una Ducati y, por si fuera poco, es capaz de servir whisky escocés. Así, sin anestesia.
Desde el primer boceto, Balamutti tuvo claro que su idea levantaría ampollas. Y precisamente por eso decidió no ponerse límites. Si las críticas iban a llegar igual, ¿por qué no llevar el concepto hasta el extremo?
El resultado es una moto tan inclasificable como magnética, construida a partir de una mezcla casi imposible de piezas Ducati, componentes fabricados a mano y elementos reciclados de otras motos y sí, bicicletas. Un ejercicio de creatividad radical que ha dejado desconcertados incluso a los preparadores más curtidos.
Corazón Ducati, alma escocesa
Como no nos cansaremos de repetir, el punto de partida mecánico fue un motor Ducati. El bicilíndrico en L fue sometido a una cirugía mayor: uno de los cilindros desapareció por completo y el superviviente fue sobredimensionado hasta alcanzar los 426 cc. El resultado es un monocilíndrico muy poco convencional, que conserva la arquitectura original de Ducati pero reinterpretada de forma casi experimental. Un corazón mecánico tan extraño como fascinante.
Todo este conjunto se aloja en un chasis inspirado claramente en el mundo del BMX, ligero y minimalista, con anclajes específicos diseñados para sostener el motor sin romper la estética del conjunto.
Pero si hay una pieza que eleva el proyecto a otro nivel, esa es la horquilla monobrazo delantera. Diseñada y fabricada íntegramente en el taller de Balamutti, combina ingeniería artesanal con componentes Marzocchi, demostrando un nivel de precisión y conocimiento técnico poco habitual.
La zaga no se queda atrás. El basculante monobrazo procede de una Ducati Hypermotard 1100 y trabaja en conjunto con un monoamortiguador Penske. El manillar ha sido construido a mano y el asiento, sorprendentemente, proviene de una bicicleta con alrededor de 70 años de antigüedad, reforzando esa estética de BMX primitiva y desnuda.
La rueda delantera de radios fue ideada por el propio Vitaly, mientras que la trasera pertenece a una Ducati 916 con neumáticos Pirelli MT60.
Y luego está el detalle que convierte a la Malavita en algo directamente irrepetible. Lo que a simple vista parece el depósito de combustible, con su tapón bien visible en la parte frontal y un grifo bajo el asiento, no almacena gasolina. Almacena whisky escocés.
Es el capricho personal de Balamutti, gran amante de esta bebida, y convierte a la moto en una especie de dispensador ambulante. El combustible real, unos 7 litros, se esconde dentro del voluminoso silenciador de doble salida situado bajo la moto. Una solución tan absurda como brillante desde el punto de vista del diseño.
La Malavita no pretende ser práctica, cómoda ni lógica. No está pensada para viajes largos ni para el día a día. Es una declaración de intenciones sobre ruedas, una demostración de hasta dónde puede llegar la creatividad cuando se ignoran deliberadamente las normas establecidas. Felicitaciones al creador de San Petersburgo.
Tomado de https://soymotero.net/



