Prueba Triumph Tracker 400 y Triumph Thruxton 400
Triumph lleva tiempo demostrando que no solo sabe hacer motos con historia, sino también actualizarlas sin que pierdan su esencia. Y eso es algo que se nota mucho en estas dos nuevas 400. Porque la Tracker 400 y la Thruxton 400 no son solo dos motos nuevas dentro de la gama: son dos maneras muy distintas de llevar el ADN de Triumph a una cilindrada más accesible, más lógica para mucha gente y, al mismo tiempo, con muchísimo encanto.
Prueba Triumph Tracker 400 y Triumph Thruxton 400: El regreso de la Thruxton en formato 400
No es casualidad que hayan recuperado la Thruxton. Dentro del catálogo moderno de Triumph siempre ha sido una moto muy especial. Para mí, es la café-racer por excelencia de la marca, una de esas motos que mezcla muy bien la elegancia británica con esa postura deportiva que inevitablemente te lleva a pensar en las motos de carreras de antes.
Siempre ha sido una moto que entraba por los ojos, pero también por el corazón. Por eso verla ahora en formato 400 con la Triumph Thruxton 400 no es solo ampliar gama, es acercar una silueta mítica a un público mucho más amplio. Y sinceramente, creo que ahí Triumph ha estado muy lista.
La Tracker 400, sin embargo, va por otro camino completamente distinto dentro de la marca. Aquí no se recupera un nombre mítico, pero sí se mete por primera vez en esta familia una moto con una inspiración flat-track clarísima. Y eso ya le da muchísima personalidad desde el principio.
Si la Thruxton tira más hacia el café-racer clásico, la Tracker se va a algo más macarra, más directo, más de manillar ancho, de postura activa y de pilotaje desenfadado. No busca conquistarte desde la nostalgia, sino desde la actitud. Y por eso, de las dos, me parece la más rebelde.
Prueba Triumph Tracker 400 y Triumph Thruxton 400: Dos motos con la misma base, pero con distinta esencia
Y creo que esa es precisamente una de las cosas más interesantes de este lanzamiento. Aunque las dos comparten base técnica, Triumph no se ha limitado a cambiar cuatro cosas estéticas y ya está. Lo que ha hecho ha sido construir dos motos que, partiendo del mismo corazón, ofrecen sensaciones bastante distintas.
Y eso no es tan fácil como parece. Porque cuando dos motos comparten tanto, es muy fácil que al final sean demasiado parecidas. Pero aquí basta con fijarse en la ergonomía, en el enfoque del chasis o en los neumáticos para ver que no estamos ante dos simples versiones de la misma moto, sino ante dos interpretaciones claramente diferenciadas.
Prueba Triumph Tracker 400 y Triumph Thruxton 400: Un motor que acompaña pero no intimida
Las dos montan el conocido monocilíndrico TR-Series de 398 cc de refrigeración líquida. Para estas nuevas Tracker 400 y Thruxton 400, Triumph anunció una evolución del motor que aumenta la potencia hasta los 42 CV a 9.000 rpm, es decir, un 5% más que antes, manteniendo un par máximo de 37,5 Nm.
Pero más allá de este dato puro de potencia, hay algo que me parece especialmente importante: y es que el 80% del par está disponible desde 3.000 rpm. Por lo que estamos ante un motor pensado para un uso real, con respuesta desde abajo, con una entrega agradable en bajos y medios y con ese extra arriba para que no se quede soso.
Y eso, al final, es lo que tiene sentido en una moto así. No parece un motor pensado para intimidar ni para obligarte a ir siempre en la parte alta de las revoluciones. Más bien al contrario: parece un motor hecho para acompañarte.
Para poder ir tranquilo, para salir con soltura desde abajo, para enlazar curvas sin estar peleándote constantemente con el cambio y, al mismo tiempo, para ofrecer ese punto de alegría suficiente como para que la moto no se sienta plana.
Dicho de otra manera: Triumph parece haber entendido bastante bien lo que tiene que ser una 400 con aspiraciones premium. No basta con que sea fácil o accesible. También tiene que transmitir algo. Tiene que hacer que el que va encima sienta que lleva una moto con empaque, con personalidad.
Y en ese sentido, esos 42 CV, junto con esa entrega de par tan aprovechable, funcionan bastante bien. A eso se suma el acelerador electrónico y el embrague asistido y antirrebote, dos detalles que ayudan a que todo resulte más suave, más fácil y más agradable en el uso diario.
Lo interesante es que, siendo el mismo motor en ambas, la sensación cambia inevitablemente según en cuál de las dos vayas montado. Porque cada una tiene su propia personalidad.
No es lo mismo disfrutar de ese monocilíndrico en una moto con manillar ancho, postura dominante y neumático mixto, que hacerlo en una café-racer con semimanillares, más carga delante y una ergonomía que ya de por sí te predispone a conducir de otra manera.
Prueba Triumph Tracker 400 y Triumph Thruxton 400: Tracker 400, actitud flat-track llevada a la calle
La Tracker 400 es, probablemente, la más fresca y la más descarada de las dos. Su diseño bebe claramente del lenguaje flat-track: depósito con líneas más cuadradas, tapa de colín, porta dorsales laterales con el “400”, pequeña cúpula, escape de doble salida orientado hacia arriba y unas llantas específicas calzadas con Pirelli MT60 RS. Triumph insiste mucho en ese aire de competición minimalista y en esa silueta más directa, más robusta y más visual, pensada para llamar la atención desde el primer vistazo.
Pero más allá de lo visual, lo importante de verdad es cómo todo eso se traduce en la postura de conducción. El manillar es 23 mm más ancho y está 134 mm más bajo que en la Speed 400, mientras que las estriberas van 86 mm más atrás y 27 mm más arriba. Y eso ya te da una idea clara del planteamiento. Es una moto que busca que tengas sensación de control pero sin volverse radical. Es, sin duda, una moto pensada para que todo salga fácil, rápido y bastante natural.
Una parte ciclo muy aprovechable
También ayuda que la parte ciclo acompañe esa idea. Delante monta una horquilla invertida de 43 mm con 140 mm de recorrido y detrás un monoamortiguador de gas ajustable en precarga con 130 mm. En frenos, tenemos un disco delantero de 300 mm con pinza radial de cuatro pistones y un disco trasero de 230 mm, todo con ABS. Para una 400, la verdad es que el conjunto pinta bastante bien. No es una moto que solo quiera lucir bien, es sin duda una moto que también quiere responder cuando empiezas a exigirle un poco más.
En cuanto a dimensiones, la Tracker tiene 805 mm de altura de asiento de lo más accesibles, 173 kg en orden de marcha y un depósito de 13 litros. El asiento, además, es estrechito, algo que viene muy bien también para esas personas que tienen menos confianza. Sobre el papel puede parecer algo más alta que la Thruxton, en concreto 10 mm más, pero una vez estás montado, no se nota absolutamente nada la diferencia.
Y al final, todo eso dibuja una moto que entra muy bien desde la facilidad. No facilidad entendida como algo básico, sino como sencillez. Y es que es una moto muy inmediata, de las que no te complican la vida. La Tracker es sin duda la que mejor puede encajar en un uso variado: ciudad, trayectos diarios, carreteras secundarias, salidas improvisadas y conducción relajada, pero con ganas de divertirte. De las dos, más sensata, la más… Fácil.
Prueba Triumph Tracker 400 y Triumph Thruxton 400: Thruxton 400, la estética manda, pero la postura también
La Thruxton 400, sin embargo, juega en un terreno completamente distinto. Si la Tracker conecta más con la espontaneidad, la Thruxton lo hace con algo más emocional. Aquí todo parece más trabajado visualmente, más enfocado a construir una imagen muy concreta.
El carenado frontal alrededor del faro redondo LED, los semimanillares, los retrovisores en los extremos del manillar, el colín de inspiración clásica y la línea general del conjunto hacen que conectes enseguida con el universo café-racer. No es una moto que quiera parecer práctica antes que nada. Lo que quiere es parecer especial. Y desde luego lo consigue.
Lo bueno es que esa estética no se queda solo en la superficie. Triumph ha tocado de verdad la ergonomía para que visualmente y dinámicamente todo tenga sentido. Los semimanillares son 40 mm más estrechos y están colocados 246 mm más bajos que en la Speed 400.
Las estriberas, igual que en la Tracker, van 86 mm más atrás y 27 mm más arriba. El resultado es una postura más inclinada hacia delante, con más implicación física y con una sensación bastante más cercana a la de una deportiva clásica que a la de una naked simplemente vestida de retro.
La parte ciclo de la Thruxton refuerza su enfoque deportivo
La parte ciclo también acompaña ese planteamiento. La horquilla invertida de 43 mm reduce aquí el recorrido delantero a 135 mm, mientras que detrás se mantiene el monoamortiguador de gas con 130 mm y ajuste en precarga.
Pero quizá la diferencia más clara está en los neumáticos, porque aquí aparecen unos Pirelli Diablo Rosso IV, mucho más alineados con un tacto deportivo y con una conducción más claramente centrada en el asfalto y el agarre en curva. En frenos repite la misma receta: disco delantero de 300 mm con pinza radial de cuatro pistones y disco trasero de 230 mm con ABS.
En cuanto a las dimensiones, la Thruxton cambia un poco con respecto a la Tracker. Tiene el asiento a 795 mm, pesa 176 kg en orden de marcha y mantiene el mismo depósito de 13 litros. Es decir, es algo más baja, un poco más pesada y bastante más estrecha de manillar que la Tracker.
Y aunque sobre el papel puedan parecer diferencias pequeñas, luego a nivel de sensaciones pueden cambiar muchísimo la percepción. Porque una moto no se siente solo por el peso o por la altura del asiento, sino por cómo te coloca encima, por cómo reparte pesos y por cómo te sientes al conducirla. Y en ese sentido, la Thruxton es una moto más intensa, más de hacerte sentir que estás pilotando de verdad.
Prueba Triumph Tracker 400 y Triumph Thruxton 400: Electrónica sencilla, pero bien resuelta
En las dos, el apartado electrónico sigue una lógica bastante clara. Triumph no ha querido pasarse equipándolas ni llenarlas de tecnología porque sí. Las dos montan control de tracción desconectable, ABS, acelerador electrónico y embrague asistido, además de una instrumentación que mezcla velocímetro analógico con pantalla digital multifunción. Todo esto acompañado de iluminación LED y con una integración estética muy bien llevada para que nada rompa la armonía clásica del conjunto.
Y la verdad es que me parece una decisión acertada. En motos así, meter electrónica sin ton ni son no siempre suma. Aquí lo importante es que la tecnología acompañe, dé confianza y mejore la experiencia sin quitar protagonismo ni al diseño ni a la conducción. Y eso es exactamente lo que ha hecho Triumph.
Otro de los puntos fuertes de esta nueva pareja en el consumo. Y es que las dos homologan un consumo de 3,6 l/100 km, lo que con un depósito de 13 litros nos ofrece una autonomía bastante aceptable.
Prueba Triumph Tracker 400 y Triumph Thruxton 400: Precio de la Triumph Tracker 400 y de la Thruxton 400
Y llegamos al momento de la verdad, ese en el que vemos si merece la pena contar con una u otra de estas en el garaje: el precio. Y la diferencia entre una y otra es muy pequeña. La Tracker 400 llegará en abril de 2026 desde 6.245 euros, mientras que la Thruxton 400 lo hará en marzo de 2026 desde 6.495 euros.
Son solo 250 euros de diferencia, una cifra lo suficientemente ajustada como para que la elección no dependa tanto del bolsillo como de cuál de las dos conecta más contigo. Además podrás elegir entre distintos esquemas de color.
La Tracker está disponible en en Racing Yellow, Phantom Black y Aluminium Silver mientras que la Thruxton la puedes encontrar en Carnival Red, Pearl Metallic White con Storm Grey, y Metallic Racing Yellow.
Tomado de https://soymotero.net



